




Ahora que sople el viento del norte todo lo que le dé la ganaLeo a Emmi - "Contra el viento del Norte" de Daniel Glattauer



Hace cien años, unos obreros descubrieron en los subterráneos de la Ópera Garnier de París una sala elegantemente amueblada. Contenía las composiciones e instrumentos del legendario Fantasma de la Ópera, pertenencias que no tardaron en perderse en anticuarios de la ciudad.
Ahora, un siglo después, la joven Christelle debe averiguar cuál es el secreto del violín que llega a sus manos, el por qué de la música esotérica que engendran las cuerdas y cómo puede devolvérselo al dueño original antes de que su influjo la destruya. Para ello cuenta con la ayuda de Kyriel, un misterioso joven que sabe más de la leyenda lo que quiere reconocer. Juntos viajarán al corazón de París, con sus edificios emblemáticos y catacumbas pestilentes, todo para llegar a la verdad del Fantasma de la Ópera. El secreto está en su violín…
::-LA AUTORA-::
Sandra Andrés Belenguer (Zaragoza, 1982) es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Su formación literaria comenzó desde muy joven con autores clásicos como Víctor Hugo, Oscar Wilde y Dumas, entre otros autores.
Su pasión por la leyenda del Fantasma de la Ópera le llevó a escribir un ensayo sobre la obra de Gastón Leroux y el musical de Andrew Lloyd Webber en el año 2000. Ha visto la representación teatral desde numerosos escenarios del mundo.
Durante años ha investigado sobre esta historia, llegando incluso a visitar los subterráneos de la Ópera Garnier de París, siendo en estos momentos una referente mundial sobre este tema bajo el pseudónimo de Ladyghost. Con este nombre escribe en el sitio web ladyghost.com, un portal especializado en la historia de El Fantasma de la Ópera que acumula más de 18.000.000 de visitas desde su creación.
Con esta su primera novela, quiere acercar al lector juvenil al apasionante mito de este personaje envuelto en el misterio desde hace más de un siglo.

Avalancha:
Hoy, en Rincón creativo, vamos a centrarnos en una situación específica que puede pasar en cualquier proceso de escritura.
Resulta… que estás totalmente convencido. Llevás semanas escribiendo un nuevo proyecto, luego de meses sin tener uno, y querés seguir adelante aunque no sepas hacia dónde te conduce. Vas en primera, embalado hasta la médula. Empezaste con una idea, escribiste una oración y para cuando quisiste dar cuenta ya tenías unos buenos párrafos que, lo aceptás, no te hacen flotar de maravilla, pero te mantienen activo, en proceso y bastante satisfecho.
Pero entonces, sucede algo que temías y que, si mal no recordás, ya te ha pasado antes: escuchás esa canción que justo sonaba cuando prendiste la radio, leés ese artículo periodístico que expande tus conocimientos acerca de ese tema sobre el que tenías miles de preguntas, te cruzás con esa persona que no veías hace años y te cuenta esa anécdota tan increíble o sucede que vas apretujado en el subte viajando al trabajo o a la universidad y en una de las estaciones ves por la ventanilla esa hermosa imagen de una publicidad que despierta algo en tu interior. Algo que, sentís, estaba esperando que lo despierten. Algo que te da el pie para reflexionar y que, aún días después, te sigue haciendo pensar. Otra idea.
¿Qué hacés con ella? ¿Es bueno dejarla para después cuando estás ocupado con otra? ¿Decidís evaluar cuál de las dos es más poderosa y te dejás llevar por ella? ¿Y si no lo sabés? ¿Y si las dos te motivan de diferente manera pero con igual intensidad?
La clave parece estar en los límites.
Hay que tener cuidado de que no se mezclen las ideas. Que el grosor de la línea que las divide sea leve o amplio dependerá de nosotros. Nuestra mente no es una guardería. Las ideas no están ahí para que las etiquetemos y almacenemos. Están ahí para ser exprimidas hasta sacar el jugo más único que tengan en ellas.
Para esto, es necesario tenerlas bien definidas. Contar con información (ya sea buscada como inventada) abundante sobre cada una es esencial, pero no parece suficiente. El mayor riesgo es encontrarnos con que estamos escribiendo dos cosas que nos engañaron con comienzos bien distintos para terminar con casi una misma cosa a mitad de camino.
Tampoco está “mal” que eso suceda. A veces, dos ideas fusionadas pueden lograr mejores resultados que dos separadas.
Por eso, me animo a preguntar: ¿es posible realmente estar en dos –o más- procesos de escritura al mismo tiempo, sin que uno de ellos reciba menos atención y sin que se “mezclen”? Si se puede, es difícil.
¿Pero imposible? Me parece que lo único imposible sobre esa segunda idea es olvidar que está ahí, esperando su turno. Volverá y volverá buscando el respeto negado.
Así que la pregunta que les dejo a los lectores es: ¿alguna vez les pasó esto de tener una idea y que aparezca otra, y no saber qué hacer? Si es así, ¿qué pasó? Y si nunca les pasó, ¿cómo creen que reaccionarían si les pasara? ¿Son de escribir mucho y distinto o son de los que no pueden empezar una idea sin haber terminado la anterior?
Holaa a tod@s !! ¿Qué tal lleváis esta semana? esperamos que bien y que pilléis fuerzas para este sábado 14 de Noviembre porque como podéis ver en el título del post, ¡Es la presentación de lágrimas negras! Si, escrito por Viki Tapada y que ya va por su segunda edición.




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